Eramos cinco hermanos en la mesa y el salamin era celosamente vigilado por el pater familias. Algún varón adolescente aventuraba su mano hacia el chacinado sin quitar la vista del guardián. Depende del humor del sabueso, a veces el osado se salia con la suya (1 rodaja). A veces no
Promediando el almuerzo alguien soltaba sonoramente un gas. Ahora era el padre que miraba fijamente a los ojos, sin enojarse porque todos sabíamos que el mismo era el autor. Cheee . . .
Retaceaba el salamin pero repartía generosamente la autoria de los pedos
UUyyy. Que difiiicil . . . !
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.